domingo, 6 de septiembre de 2009

Recuerdo inborrable: Una gran noche


Tremendo panorama el de anoche. Fue uno de esos días especiales, a la par que extraño.

A las 9 de la noche me dirigí hacía “El montadito” en Antonio Hurtado. Allí estaban todos esperándome. Llegaba tarde, todos me sacaban una ventaja de unas tres horas. Cuando me encontré con todos fue tal el abrazo que me dieron que me sentí muy bien. La noche comenzaba.

El plan era ir bajando bar por bar, hasta “La Havana”, un bareto del centro donde nos esperaban otros muchos amigos para celebrar un cumpleaños. Total, empezamos poniendo un fondo, 5 euros cada uno, y a golpe de birra y croquetas fuimos empinando el codo, hasta que lentamente nuestras pupilas iban cambiando.

Me acuerdo que pasamos por unos cuantos bares antes de llegar al centro. Uno de ellos, fue curioso, un bar llamado Leoncio, y de camarero un asiático, aunque la tapa fue “made in Spain” (patatas y como no, croquetas).

Al salir de allí ya nos costaba desplazarnos. Aun quedaba mucha noche pero nuestros sentidos se iban transformando en lo que puedo llamar Metamorfosis. Desde ese momento no recuerdo muy bien como llegamos allí, pero lo que si recuerdo era la gran sorpresa que nos esperaba. No sé si el nombre del lugar (La Havana) tenía algo que ver en esto, pero lo que si sabía es que nos esperaban unos mojitos buenísimos.

Al tercer mojito, y 4 o 5 chupitos de ron miel y tequila después, ya no sabía diferenciar si aquel mejunje de los dioses, llevaba hierbabuena, albahaca o menta. Solo sentía el dulce aroma del ron azucarado.

La fiesta de cumpleaños estuvo muy bien, nos juntamos mucha gente, todos hablaban con todos, se palpaba “buen rollito”. Es aquí cuando empiezo a perder un poco la noción del tiempo. Sin saber que horas eran ni cuantas copas llevábamos salimos del bar dirección la Madrila, lugar último de la fiesta cacereña, aunque me cueste decir “último”. Como siempre, debido a la incongruencia política de la ciudad (tema a debatir en otro artículo) nos vimos en la calle, con cientos de personas, esperando una oportunidad para entrar en algún bar, ya que últimamente la presión policial en la zona agrava los horarios de los locales. Con sigilo pero con determinación conseguimos entrar en “La calle”, donde pudimos disfrutar de algunos bailes a lo gandul. Allí mi cuerpo empezaba a dar señales de rendirse, pero aguanté. Lo último que recuerdo era una canción de Manolo García para echarnos, mientras el jefe encendía los focos ahuyentadores y nos medio obligaba a salir por donde habíamos entrado.

Eran cerca de las 7 de la mañana, y aun se podía ver a la gente con ganas de seguir divirtiéndose. Fue en ese momento donde me derrumbé, mi cuerpo y mente sufrió un agotamiento general que produjo en mi cabeza el único pensamiento de dormir y descansar.

Me despedí de todos con un fuerte abrazo, como al principio de la noche y me dirigí a casa. Abrí la puerta, mis padres dormían placidamente y entré sigilosamente para no causar ruido y molestarlos. Me quité la ropa, la puse sobre la silla y me eché sobre el colchón. Que a gusto estaba, había terminado la noche, pero había sido una gran reunión de amigos, de esas que siempre se recuerdan.

Mi cuerpo y mente descansaba con la mera satisfacción de haber pasado una gran noche. Cerré los ojos y descansé.

Me despierto por la mañana, con una sonrisa de oreja a oreja, ¡que gran noche! dije y cuando todo parecía ser un gran despertar, me levanto y noto que mi estomago no esta tan bien como debería y me gustaría, y para colmo tenemos acelgas para comer, que aunque me gustan, no las recomiendo en estos casos. Ahora sabia que pagaría el tributo por una buena fiesta del día anterior.





No hay comentarios:

Publicar un comentario